EN MONTEJURRA 1972

LA MONTAÑA SAGRADA DEL CARLISMO

La momia de San Isidro afrodisiaco real

Cogimos el Simca 1000 mi hermano Paco, Julito Vallejo y yo aquel soleado domingo de mayo y allí nos presentamos en la celebración del acto anual solemne del carlismo.

Mi hermano Paco, el mejor que le puede caer a uno especialmente si eres huérfano desde los siete años. Inteligente, generoso y comprensivo, era licenciado en Ciencias Exactas, en la especialidad de Matemática Pura y sobre todo un estudioso de la política e historia española, y en aquel momento Vicesecretario General de los Círculos Doctrinales José Antonio. Lector empedernido de Ortega, Ramiro y José Antonio, tenía, y por supuesto, leído, toda la Colección Austral, una de las mejores de todos los tiempos, especialmente por su accesibilidad para todos los públicos.

Los Círculos fueron durante el franquismo los únicos que mantuvieron incólume la doctrina joseantoniana y por ellos pasaron la flor y nata de los políticos que antes o después formaron parte del “Meneillo”, ese movimiento que se montó Franco para utilizar demagógicamente la Falange para sus fines muy particulares: mantenerse en el poder. No es necesario citar, pero muchos ministros y altos cargos pasaron por los círculos con anterioridad a ser nombrados. Eran los Círculos en esa época, en los 70, en la que el franquismo ya no les necesitaba, denostados por el régimen porque ponían el dedo en la llama de lo ficticio del sistema, pero a la vez se utilizaban doctrinalmente. Un contrasentido.

En 1972, con el régimen dando sus últimos coletazos, los Círculos eran ya un grano difícil de asumir y empezaron a ser perseguidos por los tecnócratas, la derecha miedosa de siempre, que mandaban en aquel momento. Y mi hermano quería comprobar como estaban reaccionando en aquel momento los carlistas, los otros grandes damnificados, junto a los falangistas, sin cuya colaboración y sacrificio no hubiera sido posible el triunfo de Franco.

Y curiosamente se juntó a nosotros en el viaje, yo como inocente conductor, nuestro común amigo Julio Vallejo. Julio fue durante toda su vida un personaje peculiar: agricultor, trabajando la tierra desde que “hecho el culo”, era un verdadero especialista en todas las técnicas de cultivo, desde la tradicional castellana del cereal al vino, y especialmente abierto a las más modernas que permitieran el máximo aprovechamiento de la tierra. Suya era la competencia dentro del ámbito familiar, la elaboración y conservación del vino y todo lo referente al regadío, el transporte y mantenimiento de la maquinaria, siendo capaz de desmontar y volver a armar un tractor entero. 

Pero su mejor faceta era la de ser amigo de todos, prestando ayuda a cualquiera que lo necesitara en el pueblo, por otra parte, algo que forma parte de la cultura del nuestro.

Parece mentira que un trabajo tan duro como el de la agricultura, que tanto ata al suelo, forje a hombres como Julito, abierto a la cultura y a la actualidad política. No se perdía un solo telediario, que junto a su gran memoria hacía de él un personaje con quien discutir durante horas de los más diversos temas. Viajero incansable durante los pequeños periodos que permite la agricultura era capaz de mentalmente describirte todos los parajes que la memoria alcanza, visitados o no, pero que él vivía con apasionamiento. Desde joven pudo visitar los entornos castellanos con una camioneta Fiat de su padre, que dejaron los italianos durante la guerra, y que le produjo una leve lesión permanente en su brazo derecho por darle a la manivela con la que en aquellos tiempos se arrancaban los motores. Después utilizó para sus viajes una incombustible Dos Caballos Citroën, que llaneaba muy bien y “costa bajeaba” mejor en versión de mi amigo Colilla, querido comisario.

Fue siempre mi amigo y de él aprendí muchas de las cosas más imprescindibles de la vida, incluido a conducir con el tractor, de lo que no puedo por menos estarle eternamente agradecido. ¡Allí donde estés, los hombres buenos como tú solo pueden estar en el cielo, junto a San Isidrín lógicamente, muchas gracias querido y siempre recordado, amigo!

Se me ha ido la pinza, pero continuaré con mi relato:

Llegamos a Estella y aparcamos el coche y las camisas azules para no ofender al personal e iniciamos la subida a Montejurra rodeados de partidarios del traicionado carlismo por Franco. Empezaban a estar muy cabreados porque recientemente había nombrado sucesor a Juan Carlos, de la otra rama monárquica, la última esperanza que les quedaba después de haberse apuntado por primera vez en su historia en el bando bueno en la enésima Guerra Civil, que era, para más inri, la única que habían ganado en las cuatro o cinco en que habían participado en un siglo. Como puede verse no eran los únicos traicionados. Lo que pasa es que en su caso lo habían hecho heroicamente en su conjunto siendo célebres sus Tercios, que en muchos casos quedaron diezmados. He oído versiones heroicas a mi tío José Monedero de Piña y a Félix Cancela de Valoria, que pertenecieron a estos tercios.

Llevábamos ya un buen rato subiendo y descubrí una cruz, semejante a las que en mi pueblo se situaban en puntos estratégicos de los caminos, los conocidos como Humilladeros, que servían para recordarnos lo pequeños que somos ante Dios, humillándonos frente a su bondad. Paco ¿falta mucho?”, le preguntaba a mi hermano, pero pasado un buen rato nos topamos con otra cruz. Y más adelante otra, con lo cual no me quedó duda que estábamos ante un viacrucis, lo que suponía que aquella montaña era más alta que lo normal. En consecuencia, inmediatamente pensé que aquellos tipos que se subían a un monte haciendo un viacrucis, imitando el sufrimiento de Cristo en su último día, para participar en una misa y un mitin político, eran muy peligrosos a nada que el orador fuera un pelín ardoroso. Especialmente “cuesta bajeando» calientes por la mezcla de la fe y la política. Unos tipos que luchan por Dios, la Patria y el Rey son peligrosos y sobre todo porque lucharon sus padres y por lo mismo lucharán los hijos también. Es por este concepto que Franco agregó al conjunto formado durante la Guerra Civil a todos los que le apoyaban con la palabra Tradicionalista a la Falange y a las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, con lo que consiguió una ideología, en la que no creía, pero que motivaba a la población en su lucha contra el socialismo y el comunismo. Algo que era imposible de conseguir con la nula doctrina de la derecha, el liberalismo de la CEDA, que se aprovechó del triunfo falangista después de haber provocado la muerte de José Antonio, cuando concedieron ilegalmente el suplicatorio para su procesamiento en las Cortes por posesión de armas, lo que provocó su asesinato en Alicante al comienzo de la Guerra Civil. Muerte que benefició a todos y muy especialmente a la derecha cuando se produjo la victoria en la guerra. Como siempre esa derecha, la de ayer y de hoy, esperó agazapada hasta el 57 cuando ya la Falange ya no empezaba a ser necesaria. Por eso Los Círculos fueron malviviendo, manteniendo incólume su doctrina hasta los 70 entre un sí y un no del régimen.

Mientras pensaba en esto a mí me faltaban once estaciones para llegar a la cima. Y terminé de subir temiéndome encontrármelos de frente si se hubiera terminado el mitin.

Pero no. Tuvimos fortuna: el orador resultó ser una mujer hablando, leyendo más bien, en una suerte de hispano francés, que no calentó a las masas. Al parecer era la mujer del candidato a rey de los españoles como alternativa al propuesto por Franco. Y me enteré de que era algo así como una princesa holandesa.

Como todos los asistentes nos comimos nuestros bocatas, nosotros con mejor suerte ya que disponíamos de una bota del buen vino de Julito.

Y allí acabó todo para esta buena gente, a la que dos o tres años después los prepararon, los de siempre, una encerrona de forma que hubo muertos con una provocada bronca interna que acabó con el carlismo allí mismo, en su montaña sagrada. Y afectó a Fraga que era ministro del Interior o Gobernación.

Esta opción política comenzó a la muerte de Fernando VII, el más vil de todos los reyes que en España han sido, ¡que ya es!

Y aunque es cierto que fue con este rey, llamado a la vez el felón, y el deseado (¡qué país desear un rey y menos de esta categoría!), la cosa había comenzado antes con la llegada de los Borbones al trono español a la desaparición de la dinastía de los Austrias provocando los mayores desastres que se pueden producir en una nación: invasiones, pérdida de colonias y guerras civiles. Todo ello provocado por nuestros gobernantes, que ayer, como hoy, no tienes por dónde agarrarles, los reyes a la cabeza.

Para centrarnos, la desaparición de los Austrias la provoca el penúltimo de ellos, Felipe IV, llamado “el Grande” por extraños motivos. Solo puede ser porque era grande en la cama: 45 hijos, 15 de ellos en casa y 30 fuera. Y curiosamente todos los de fuera bien, buenos y robustos, y los de casa “hechos una mierda”, escuchimizados. Solo con decir que reinó el número decimoquinto, el último, porque no había más. Este Felipe provocó el primer conflicto gordo con los catalanes: esquilmada Castilla en hombres y dineros, el rey intentó que pagaran algo el resto de los reinos y parcelas del imperio y se armó la mundial: unos segadores se cargaron a los tercios estacionados en Cataluña. De ahí la canción de los segadores, convertido en himno oficial, eso sí con múltiples modificaciones en épocas recientes, para una mejor utilización política.

Este Carlos II, llamado el Hechizado, por poner un nombre a su impotencia, pero que no se utilizó por no duplicarla, ya que se apeló así a Enrique IV, el hermanastro de Isabel la Católica, que según Marañón no era impotente sino cornudo, ya que su mujer se la jugaba con un tal Beltrán de las Cuevas, por lo que su hija, la Beltraneja, se vio obligada a dejar paso a su tía, renunciando al trono. Este hecho permitió que España fuera lo que fue en tiempos pretéritos, la cabeza del mundo, y que hoy por desgracia han hecho polvo nuestros gobernantes.

Lo cierto es que al tal Carlos no se le levantaba y para intentar que tuviera descendencia le hicieron todas las perrerías del mundo. La mayor putada fue hacerle dormir varias noches con la momia de San Isidro. ¡Pero nada! Mi amigo Julito no se podía creer que su San Isidrín no funcionara en esta ocasión. La verdad es que después de pensárselo un rato lo argumentó fácilmente: ¡funciona bien hacia abajo, lloviendo, pero para hacia arriba no es su especialidad!

Y va el tío y se muere y deja escrito que, en vez de un Austria, como él, su sucesor fuera un Borbón, Felipe V, al que su abuelo, Luis XIV de Francia, se quitó del medio como sucesor a la corona francesa, que le correspondía, y ¡ya se sabe cómo es esta familia! Se armó la mundial y se montó una guerra de Sucesión en la que rápidamente se apuntaron los ingleses y ¡cómo no! los catalanes. Perdimos Gibraltar, Nápoles, Portugal y Menorca. Y a este Borbón, para terminar de fastidiar las relaciones con Cataluña, no se le ocurrió otra cosa que conceder el monopolio de la introducción de esclavos en nuestras colonias a una empresa francesa, un pariente, en detrimento de los catalanes que tenían el monopolio, que se cogieron un gran cabreo. ¡Como siempre con nuestros reyes, la comisión correspondiente ahora para mí y el celebrado 3% catalán se acabó: una costumbre que ha permanecido a lo largo de la historia! ¿Les suena ambas?

En un momento determinado el pretendiente austriaco ocupó Madrid y curiosamente las mayores bajas de su ejército en esta ciudad las produjeron las prostitutas: en Madrid había varios cientos de prostíbulos cuyas madames se pusieron de acuerdo para que solo atendieran a los soldados aquellas señoras putas que estuvieran infectadas de gonorrea y sífilis. Resultado: más de seis mil bajas. ¡Es curiosa la relación de estas amigas entrañables con los Borbones desde su llegada a España!

Felipe V padecía una enfermedad bipolar, estaba como una cabra, y como buen francés era adicto al sexo solo en casa, maltratando permanentemente a su mujer, tuvo dos, a las que obligaba a mantener relaciones y cuando descansaba de esta función le encantaba el onanismo, se la machacaba manualmente, lo que se dice hacerse pajilla. Y para no perder ripio y no se le bajara la guardia se inventaron un juego, el Impertérrito, que consistía básicamente en sentarse en una mesa camilla con sus correspondientes faldillas 5 o 6 hombres desnudos de cintura para abajo mientras una dama, léase una señora puta de la corte, se introducía debajo de la mesa e iba probando con su boca los miembros viriles allí expuestos. Ganaba el premio aquel que se mantenía impertérrito y no era descubierto por sus gestos, de ahí el nombre del jueguecito. El ganador obtenía un homenaje consistente en terminar de eyacular en la boca de la citada señora puta. El rey observaba el juego desde un sitio especial y en el momento álgido del juego utilizaba a su santa esposa en la forma que puede suponerse. Y en caso de no disponer de ella usaba su manita.

(Queridos nietos: cuando leáis esto, si ocurre alguna vez, a falta de dineros y propiedades os he legado una Biblia encuadernada en piel e inscripciones en pan de oro, en donde podéisleer la historia de Omán, y su coitus interruptus,  de donde deriva la palabra onanismo. Y si aún queda algo de la religión católica, si ha sido capaz de superar la actuación del papa Francisco y la inestimable colaboración de los obispos de Solsona y Barcelona, sabréis que esta práctica es pecado mortal, amén de producir granos en la cara y afectar a las articulaciones, por lo que es aconsejable su práctica.)     

A este Felipe le sucedió el mejor rey de España, Luis I, que solo duro unos pocos meses y no le dio tiempo a fastidiar nada. Su hermano Fernando VI, que estaba tan tocado de la pelota como su padre, intentó reforzar un punto flaco de España, nuestra flota, tan necesaria para nuestras relaciones con la América Hispana, con la ayuda de su ministro, el Marques de La Ensenada y el marino Jorge Juan, lo que le creó el rencor de los ingleses, que saqueaban a nuestros barcos, y le hicieron caer con la ayuda de los españoles de siempre que le apodaron “el marqués de la en si nada”.

Le sucedió su hermanastro Carlos III, del que se presume como el mejor alcalde de Madrid, lo que no es cierto. Es verdad que construyó la Puerta de Alcalá y saneó la ciudad, amén de implantar la lotería primitiva, tan beneficiosa para la hacienda pública actual. Para sanear Madrid acabó con la tradicional costumbre del ¡agua va! con la que las madrileñas descargaban por la ventana, diariamente y por sorpresa para los transeúntes, los orines de la noche, una actuación castiza que hizo desaparecer. Pero, sobre todo, y como siempre hacen nuestros políticos, hizo pagar a los madrileños su ineficacia en materia de delincuencia: vino rodeado de personajes italianos, había sido varios años rey de Nápoles, a los que nombró ministros que por lo de siempre provocaron una carestía importante de pan, lo que calentó a los madrileños que se levantaron en armas en el llamado Motín de Esquilache produciéndose un aumento importante de la delincuencia. Y que, para corregirla, y como hacen siempre nuestros gobernantes, la solución la encontraron haciendo cortar las capas tradicionales por la mitad y sin sombrero de ala ancha, para evitar que los ciudadanos fueran emboscados, con la cara tapada. Y para los que conozcan las típicas capas españolas no hay cosa más ridícula y poco funcional que cortarla por la mitad máxime cuando aún no se habían inventado las bufandas. No pudo ser un buen rey un tipo que según consta en el Museo Arqueológico Nacional en un cartel de una escopeta: arma del rey Carlos III que se dedicaba a cazar todas las mañanas del año, excepto el día de Navidad, por el Monte del Pardo. ¡Debe ser el Palacio de este Monte el que provoca una afición tan cinegética en quien mora en él!

Este rey cometió un error imperdonable, la expulsión de los jesuitas, a los que achacaba ser los instigadores del motín de Esquilache. Según Menéndez Pelayo, este hecho nos cuesta varios siglos recuperarnos en los aspectos educativos.

También introdujo la instalación de Nacimientos por Navidad, una costumbre napolitana de donde fue rey durante muchos años.

(Queridos nietos: También os he legado dos nacimientos que forman parte de la tradición familiar, pero no sé si podréis instalarlo ya que es posible que los socialcomunistas en el poder ya hayan intentado prohibirlos en los ayuntamientos en donde gobiernan sustituyéndolos por muchas luces. En cualquier caso el papa peronista ya ha quitado la burra y el buey; los animalistas los patos, gallinas y ovejas;  a los ecologistas no les gusta el muérdago;  los verdes no quieren que se ponga ríos con agua ni nieve artificial por lo del cambio climático; a los gays que las figuras principales sean un hombre y una mujer; a los republicanos que se pongan las figuras de Herodes y los Reyes Magos; a los trans que la figura del niño tenga petilín; a los  de Teruel o Segovia Existe que un nacimiento parezca la España despoblada; a los sindicatos de base que se haga apología de un empresario explotador, José, con taller y locomoción, una burra, propios; y las comunidades quieren que figuren en el palacio de Herodes  todas las banderas que forman parte del estado español y más concretamente los catalanes que en todos los nacimientos se instalen caganers de los principales lideres del independentismo que en la historia han sido, incluidos los procesados ¿injustamente? por el gobierno de Madrid y que ha sido aceptado por el gobierno español para aprobar los presupuestos. Todos ellos tienen una amplia representación en la Cortes e Instituciones Públicas, así que no sé si podréis invitar a nadie a vuestra casa durante la Navidad. Por cierto, quiero contaros que la casa real española ya ha hecho acopio de agua del Jordán, el río que pasa por allí, y con la que se bautiza a sus miembros desde hace muchos años, por si es verdad lo del cambio climático y así poder hacerlo con sus numerosos descendientes, especialmente del Froilán y la Victoria Federica, que están en ello. Se cree que el agua del Jordán les hace inviolables como en los casos de Aquiles y Obélix, que parece que es verdad.)    

Pero fue un Borbón, un nieto del tal Carlos III, Fernando VII, el Felón, el que vendió a su padre teórico ya que se rumoreaba que era hijo de Godoy, el amante de su madre y que también parece que hacía tríos con el rey, su padre, Carlos IV. Si tenéis interés en conocer a toda la familia, ¡madre mía que pinta!, podéis encontrar en internet su retrato pintado por Goya. Ambos se vendieron a Napoleón, que aprovechó para nombrar rey de España a su hermano, Pepe Botella, el más listo de la familia Bonaparte: se marchó a Estados Unidos a la caída de su hermano, con todo lo que había robado en España, terminando sus días viviendo como un rey.

No tenía hijos el tal Fernando y su hermano Carlos se había hecho a la idea de sucederle, pero a última hora tuvo una hija con su cuarta mujer y aunque existía la Ley Sálica, aún vigente, que nos ha privado de la suerte de tener una reina como la Elena y el Marichalar de consorte, y que nos hubiera permitido reírnos un montón con sus hijos, Froilán y Victoria Federica, como herederos de la corona, de cuyo orden siguen estando en tercero, cuarto y quinto lugar, respectivamente. ¡Madre mía, pobre país el nuestro!

Lo cierto es que, a instancia de su mujer, el tal Fernando promulgó la Pragmática Sanción y dejó a su hermano a dos velas, lo que provocó otra nueva guerra de Sucesión, la guerra carlista, que rápidamente se convirtió en guerra civil, causando una verdadera sangría: cientos de miles de muertos durante todo el siglo XIX. Cuatro o cinco guerras declaradas… Los seguidores de este Carlos dieron vida al carlismo. Según los expertos estas guerras eran en realidad entre dos conceptos políticos diferentes, liberales y conservadores, como si los españoles no tuviéramos otra oportunidad para darnos de hostias de vez en cuando: la próxima está al caer con las autonosuyas a su aire, la pandemia, la crisis energética, el paro estructural y juvenil, la guerra comercial entre los Usa y China en contra de la UE, la emigración, Marruecos y el Sahara. Y por si faltara algo un gobierno socialcomunista enfollonando todo y a la greña entre ellos….

Entre todos provocaron primero la guerra de la Independencia frente a la invasión napoleónica, seis años luchando los españoles, como siempre solos en contra del gabacho, mientras los reyes vivían como tales en Francia y nuestros gobernantes se atrincheraban en Cádiz jugando a reunirse haciendo constituciones imposibles de aplicar: tontunas como que todos somos buenos y tenemos derecho a cosas utópicas, alguna de las cuales las han copiado en la actual constitución, como que todos tenemos derecho a una vivienda digna, ¡no te jode! Ahí tenemos a todos los ocupas del mundo entrando en casas ajenas, cuando lo que hay que proteger es el derecho innato a la propiedad privada. ¿Cómo hacemos el reparto de las viviendas de los ahorradores? ¿Los 31 de diciembre?

Y mientras las mujeres en Cádiz hacían tirabuzones con las bombas que tiraban los fanfarrones gabachos, defendiendo a la pandilla de llamados liberales discutiendo tontunas. Y por supuestos acojonados.

Los españoles esperaban un rey, ¡madre mía! El deseado, pero llego un rey felón, un verdadero hijo de puta, más malo que un perro, que provocó la pérdida de las colonias americanas, que se fueron independizando poco a poco, con una gran sangría de hombres, como siempre.

Era tan malo y barriobajero que le gustaba pasearse por el Madrid nocturno y los consiguientes prostíbulos. Y tan ruin que intentó quitarle la novia a Luis Candelas, Lola la Naranjera. ¡codeándose con la flor y nata de Madrid!

Se cuenta que no la tenía como todo el mundo, pequeña y recta, sino que era de dimensiones inmensas, doblada en ángulo recto y la punta como un puño. Por lo que necesitaba un mamporrero para conseguir su objetivo. Lo cierto es que los reyes siempre tienen el privilegio de disponer de un duque o un marqués que realiza estas funciones con placer. Para no molestarse mucho, tenía además una almohadilla especial, que también le hicieron a Napoleón III, pero que la Montijo, como buena española, se negó a usar.

Se cuenta que una de sus mujeres quedó tan asustada el día de la boda que salió corriendo y con un caballo de la guardia intentó llegar a Valencia, desde donde había venido. La localizaron en el pueblo valenciano de Godella y la identificaron porque iba en pelotas, no hablaba en cristiano y hacía gestos como hacen los pescadores aficionados abriendo los brazos en las tertulias de su club dando las medidas de su pez.

En nuestros tiempos nos sabíamos los pueblos de casi toda España. Para lograrlo recurríamos a todo tipo de tretas. En el caso de este pueblo valenciano nos contábamos este cuento: En la Edad Media un leñador en un bosque se encuentra con un caballero con una buena moza a la grupa y le pregunta: ¿A dónde vas buen caballero con esa bella doncella? El jinete le dice: ¡A Godella! ¡Ah -contesta el leñador- a Godella de Valencia!  No – dice el jinete – a Godella de fornicalla (en castellano antiguo). Y como no había televisión y no teníamos tablets, pues nos divertíamos y aprendíamos a la vez.

Pues heredó el trono de Fernando VII su hija, Isabel II, cuando era una niña, por lo que estuvo de regente su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, italiana, que muerto el rey se había echado un querido que produjo un fuerte escándalo en la corte, casándose a los tres meses de enviudar teniendo que ir escondiendo sus ocho embarazos y los correspondientes hijos. A ella se le dedicó la canción conocida de: María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo le sigo la corriente…. La niña salió a la madre, un putón verbenero, y cuando tenía 16 años la casaron con un primo suyo, Francisco de Asís. Cuando la pobre mujer, tan ardorosa, se enteró no se le ocurrió otra cosa que decir: ¡Con Paquita no! Ya que era un reconocido maricón. Nunca consumaron el matrimonio, pero ella tuvo 12 hijos. Cada vez que les presentaban en público él exigía una fuerte cantidad de dinero para no cantar que no era suyo. Se habla de numerosos amantes de militares de la corte y otros miembros de mal vivir próximos. Pero las malas lenguas aseguran que hacía formar a la guardia real y desde el balcón escogía por el número de fila y columna: el tres siete, como en los crucigramas, quien era subido inmediatamente a su habitación. En internet se pueden ver unas viñetas pornográficas de aquella época. Su desastroso gobierno provocó su caída provocando una revolución, la búsqueda de un rey foráneo, Amadeo de Saboya (¡qué país el nuestro!), que se marchó aburrido el pobre, llegando la república, que terminó por arruinar España.

(Queridos nietos: La palabra maricón ha desaparecido del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua en 2001, acojonados por un colectivo que ahora se hacen llamar gay, asociados a otro grupo, los LGTB, de tan gran poder que domina gran parte de los sectores gubernamentales, sociales, económicos y periodísticos. Entre ellos si que se hacen llamar así, pero se cabrean mucho con los demás se lo dicen. El social comunismo español los defiende a muerte, hablándose de que van a modificar las leyes para que sus elementos entren en los consejos de administración y otros órganos de decisión con carácter paritario con las mujeres. Si se os pasa por la cabeza, Dios no lo quiera, formar parte de este colectivo, no os fieis: esa banda de socialcomunistas que nos gobierna les cuelgan de una grúa o les cortan las manos en países de su ideología.) 

La cosa se intentó arreglar con la restauración de la monarquía en la figura del hijo de Isabel II, Alfonso XII, otro que tal baila, putero, del que se ha hecho una apología cinematográfica en tiempos de Franco, un monárquico reconocido: en la película se preguntaba que a donde iba. Yo creo que, de putas, bueno perdón, de amigas entrañables, como se las llama ahora.

Al morir prematuramente se encontraron nuestros gobernantes con un problema: la reina, su mujer María Cristina de Habsburgo, estaba embarazada naciendo su hijo póstumo, Alfonso XIII, con lo que fue nombrado rey, caso insólito, nada más nacer. Este rey mejoró, si cabe, la trayectoria de sus ascendientes como consta en su biografía: Durante su reinado España experimentó cuatro problemas de suma importancia que acabarían con la monarquía liberal: la falta de una verdadera representatividad política de amplios grupos sociales, la pésima situación de las clases populares, en especial las campesinas, los problemas derivados de la guerra del Rif y el catalanismo. Esta turbulencia política y social iniciada con el desastre del 98 impidió que los partidos turnistas lograran implantar una verdadera democracia liberal, lo que condujo al establecimiento de la dictadura de Primo de Rivera, aceptada por el monarca. Con el fracaso político de ésta, el monarca impulsó una vuelta a la normalidad democrática con intención de regenerar el régimen. No obstante, fue abandonado por toda la clase política, que se sintió traicionada por el apoyo del rey a la dictadura de Primo de Rivera.

Abandonó España voluntariamente tras las elecciones municipales de abril de 1931, que fueron tomadas como un plebiscito entre monarquía o república. Falleció en Roma, donde fue inicialmente enterrado; sus restos no fueron trasladados al Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial hasta 1980.

La pérdida de las últimas colonias españolas planteó un problema social importante, que para intentar corregir se metieron en otro más grande, Marruecos, que provocó una guerra interminable con una gran sangría humana, especialmente de gente pobre a los que se llevaba a morir de mala manera y que provocó que la clase militar se envalentonaran y que antes o después nos llevó a una nueva guerra civil y encabronó a los catalanes con la semana trágica y el aumento del anarquismo.

Pero mientras el rey a lo suyo: amigas entrañables por doquier, putas verbeneras a cargo del erario público y una importante fortuna personal en sectores económicos de todo tipo, incluido el de cine pornográfico. Un ejemplo para sus sucesores. Normal.

Según Pilar Eyre: «Alfonso XIII se acostó con más mujeres que Julio Iglesias y Juan Carlos I juntos». ¡Un ejemplo a seguir para sus descendientes! Tres sinvergüenzas cojonudos.

El último es tan generoso con el dinero público, se habla de quien todavía anda con amigas entrañables, que a una la regalo 65 millones de euros (10.790.000.000 pesetas, diez mil setecientos noventa millones de pesetas) Casi nada. Era tal escándalo que en alguna ocasión el gobierno (no dice cual) se planteó castrarlo, en versión de Villarejo. A la operación se llamó “Operación Farinelli (en referencia al célebre castrato que vivió en España en el siglo XVIII en la corte de Felipe V y sus hijos). No confiesa en sede parlamentaria la forma de conseguir castrar al Emérito, aunque sí habla de usar bromuro, un producto que siempre se dijo que nos echaban en la comida en la mili para bajar los ardores juveniles.

Quiero pensar que no se les ocurriría usar la técnica que utilizaban los esclavistas para conseguir un mayor rendimiento de sus pupilos:Le pregunta un propietario novicio a uno más experimentado que técnica utilizaba con sus esclavos: Muy sencillo, le cuenta, le mando sentar desnudo en una silla a la que previamente he quitado el culo, me meto por debajo y con dos piedras, ¡zas, le capo! Pero eso debe doler mucho, le contesta el novato. ¡Hombre no, ya procuro yo no pillarme los dedos con las piedras! Aunque seguramente le hubieran puesto las pilas de utilizar esta técnica.

Y va este gobierno y se le ocurre que va a prohibir la prostitución. ¿Cuál, la de las amigas entrañables o la del pueblo llano? ¡Como hacen siempre los socialcomunistas: los pobres que se la casquen! 

El Carlismo tuvo su máxima expresión en el norte de España, principalmente en Navarra, el País Vasco y Cataluña, lo que resulta curioso desde la perspectiva actual ya que eran enemigos de los nacionalismos y de las izquierdas, que tanto proliferan ahora por allí. Pero llegó también a nuestra Castilla: Quiero recordar de niño la figura de un personaje muy curioso de mi pueblo vestido con el uniforme carlista, Celestino, el taxista. ¡Qué me perdonen sus hijos y nietos si me he confundido de persona, pero a mi edad, viejo y bien viejo, se funden en blanco y negro muchas de mis vivencias!

Nota del autor

Si alguno de los lectores tiene el pequeño problema de Fernando VII y Napoleón III, puede localizar la almohadilla de referencia en internet. La figura de los mamporreros se ha proletariado. Ahí está el ejemplo del Emérito: todos, políticos, periodistas, policías, miembros del CESID, diplomáticos españoles y extranjeros y altos funcionarios sabían con quién, cuándo, cómo, y donde salía la pasta que tan generosamente repartía a tanto putón verbenero, amigas entrañables las llaman ahora, que han pasado por ¿sus manos? No existe ninguna diferencia de ayer a hoy. Mamporreros todos.

La verdad es que ha criado escuela en sus descendientes, un ejemplo para los españoles: todos divorciados o en la cárcel o de fiesta en fiesta. Y dicen que hay un portal de trasparencia para saber todo de ellos, pero lo cierto es que a este portal le pasa como a los espejos antiguos, que han perdido el azogue y no dejan ver bien las figuras que se reflejan. Así no sabemos en donde pasan sus vacaciones o si se han puesto tetas y culo, como se rumorea. Porque dicen que eso es privado, lo que no ocurre con el resto de gente a los que una pandilla de impresentables con un micrófono y una cámara te pueden poner a parir. ¡Y como en este país no hay justicia…!

En el plano político institucional, ¿es de recibo que el jefe del estado firme los decretos de amnistía de unos condenados por saltarse la ley al intentar romper ese estado que el representa y no solo no han mostrado arrepentimiento, sino que han manifestado seguir haciéndolo y en consecuencia moverle la silla? ¿Y qué firme la formación de un gobierno que se apoya en esos mismos delincuentes? O asuma que le nieguen un local en una ciudad española para realizar un acto las autoridades representantes del estado español y elegidos por las leyes que regulan ese estado, máxime cuando ostenta la titularidad de príncipe de esa ciudad. ¡Hago ese acto en la puñetera calle de esa ciudad, pero no me toman el pelo unos desgraciados delincuentes…! 

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